Donde esté esa tiza sobre la pizarra de madera subiendo precios cuando llega la bulla semanasantera o rebajando cuando hay que atraer a la clientela...
Donde esté esa tiza que se quite todo lo demás.
Que una foto vale más que mil palabras ha quedado demostrado en muchas ocasiones y sin embargo sigo insistiendo en juntar letras. Y es que esta foto no tiene desperdicio. Aunque mejor hubiera sido si cualquiera de nosotros hubiera sido el que echando la vida a un lado está disfrutando de la sombra de un buen árbol, de un clima exquisito y de una brisa que ralentiza el trasncurrir del tiempo. O mejor aún, una siesta colectiva. Debería ser de cumplimiento obligatorio. Esas son las leyes que deberían aprobarse en los parlamentos ¿O no?
Tenemos los buscadores de huellas un problema que no queremos reconocer. Y desde tiempos ya olvidados y lejanos llevamos arrastrando sin solución. Todos nuestros saberes adquiridos, las habilidades telúricas que el viento y la lluvia nos ha ido proporcionando se ven disminuidas, limitando nuestros movimientos a los de un mortal más, en el momento que en la búsqueda e interpretación de huellas nos escontramos con la nuestra. Es por ello que nunca veréis a un auténtico husmeador de pisadas pasar dos veces por el mismo sitio.