Al final del túnel
Hace 1 año
No hay grupo de amigo o familiares que no tenga su cabeza. Mejor dicho el cabesa, o cabesssa a secas. En las clases pudientes era tradicional tener un primo o un hijo curita, aquí entre los que saboreamos las eses que nos comemos (en lugar de ir arrastrándolas) nos conformamos con tener al cabeza. Si además viene con el canijo la cosa puede estar niquelá, y entre los tres nos tomamos unas birras tras darle al balón en el descampao del barrio. Que no nos falten.
Los que nos unen. Los que nos separan. Los que podrían transportar besos, abrazos, pellizcos, desastres amorosos, crímenes, injurias, verdades, mentiras, cariños, rencores, tus fotos, mis vídeos pero quizás sólo lleven fuerza bruta para poner en marcha un aire acondicionado. Quien sabe. Lo curioso está en la forma de cambiar de dirección, como en la vida con las personas, hay quien lo hace directamente y quien prefiere ir pegadito a las tablas. Más recorrido pero menos sorpresas. A todo esto... el mío, en el que tu estabas paseando -buscando flores me dijiste- era el del camino del medio, cerca de la vía del tren... pero eso es otra historia.